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Nuestra parroquia en su espíritu de acompañar la vida en todos sus estadíos, acoje las cenizas de los seres queridos que han “nacido” a la eternidad, es decir de aquellos que fallecieron y que de alguna manera, también queremos que estén cerca, compartiendo el espacio cotidiano de nuestra vida y en un ámbito de carácter religioso.

El cinerario se encuentra dentro del límite parroquial exterior sobre la calle Mansilla, detrás de la reja. Es totalmente visible a los transeúntes y se identifica por una placa que dice “en memoria de nuestros antepasados”.

El emplazamiento arquitectónico expresa nuestra creencia en la vida y la resurrección que Jesús nos regaló. Y por lo tanto el lugar es a cielo abierto, sobrio y serenamente alegre.
Muchas son las personas que se detienen y silenciosamente rezan una oración por sus personas queridas (además de estar presentes en las misas de difuntos). |