¿MISERICORDIA ò EXIGENCIA?

Charla – Coloquio


“Construir un camino hacia una espiritualidad mas humana”


18 de mayo a las 19.30h

En el salón Parroquial – Paraguay  3901

Por el Lic. Marcelo Sinner – Asistencia Psicológica

– actividad no arancelada –

e-mail : psicologos-parroquiaguadalupe@hotmail.com.ar

Informes 1559324722

Homilía del Papa Francisco en la Vigilia Pascual:
El Evangelio de la Resurrección de Jesucristo comienza con el ir de las mujeres hacia el sepulcro, temprano en la mañana del día después del sábado. Se dirigen a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel  les dice: «Ustedes no teman» (Mt 28,5), y les manda llevar la noticia a los discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va  delante de ustedes a Galilea» (v. 7).
Las mujeres se marcharon a toda prisa y, durante el camino, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «No teman: vayan comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (v. 10).
Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían dispersado; su fe se deshizo, todo parecía que había terminado, derrumbadas las certezas, muertas las esperanzas. Pero entonces, aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, se presentó como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se difundió: Jesús ha resucitado, como había dicho… Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán».
Galilea es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron (cf. Mt 4,18-22). Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor.
También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino.
Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.
En la vida del cristiano, después del bautismo, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba.
Hoy, en esta noche, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia.
El evangelio de Pascua es claro: es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra.
«Galilea de los gentiles» (Mt 4,15; Is 8,23): horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro… ¡Pongámonos en camino!

Agradecidos y Comprometidos

Nuestra vida es un continuo proceso de ciclos o etapas que se abren y se cierran. Nada acontece sin dejarnos una enseñanza, un interrogante, un motivo para agradecer o pedir perdón, una señal de crecimiento o una llamada de atención sobre nuestra propia humanidad. Es oportuno y necesario celebrar el cierre de cada etapa y predisponernos a iniciar una nueva con espíritu renovado. Celebrar es agradecer, internalizar, apropiarse de lo sucedido y redimensionarlo desde un horizonte más amplio de sentido. Finaliza una etapa, pero no la vida; termina un año, pero no la oportunidad de seguir construyendo. Es por eso que la celebración también brinda un espacio para trascender el ayer y el hoy y, así, volcarnos comprometidos en un mañana abierto, desafiante y esperanzador.
La actitud cristiana al finalizar cada año puede resumirse con un ‘GRACIAS, SEÑOR’; y para iniciar un nuevo año, con la oración ‘AQUÍ ESTOY, SEÑOR’.
Agradecidos unos con otros y con Dios, nos postramos ante el Niño Dios, proyecto divino de plenitud humana, y nos comprometemos, unos con otros y con Dios, en seguir construyendo su Reino entre nosotros.

Equipo de Medios
Parroquia Guadalupe

Este sábado tenemos muchos motivos para dar gracias!!!

Cartel Misa 592015

 

Como familia y como comunidad guadalupana, seguimos celebrando la vida. La consagración para la misión es un don y una vocación común a todo bautizado. Cada cual lo encarna en un estilo de vida particular, en un espacio y un tiempo concretos.

Celebrando el don de la vida consagrada, nos unimos a los Misioneros del Verbo Divino en sus 140º aniversario de fundación. En ese mismo marco celebrativo, damos gracias a Dios por la contribución religiosa y cultural de la Editorial Guadalupe en sus 120º aniversario de vida.

Razones más que suficientes para encontrarnos en torno a la celebración eucarística y compartir nuestra acción de gracias a Dios. Lo haremos este sábado 5 de septiembre a las 19:00 hs en nuestra basílica del Espíritu Santo.